Reflexiones éticas

Cierto es que la sociedad ha cambiado mucho, y que en los últimos tiempos ese cambio se ha visto acelerado. Por una parte se debe tener en cuenta que los cambios no siempre son para mejorar; y por otra que recordar y tener en cuenta el pasado ayuda a no incurrir en los mismos errores.

Centrando el tema en la escalada, hay que reflexionar sobre la mutación a lo largo del tiempo de los valores predominantes en el colectivo de escaladores. No quiero decir que esos valores hayan desaparecido, pero si están en franco retroceso en las nuevas generaciones y algunos miembros de generaciones anteriores los han olvidado, adaptado o cambiado por los nuevos.

Me refiero a valores como el compañerismo (solidaridad), la aventura, el esfuerzo a largo plazo y la imaginación. Hoy en día son substituidos por el individualismo, la seguridad, la comodidad o como mucho el esfuerzo con recompensa inmediata y un amplio y variado catálogo de productos.

Antiguamente las vías de escalada las abrían y repetían cordadas, todos los componentes realizaban la ascensión sin determinar en la mayor parte de los casos quien subía de primero cada largo. Actualmente el protagonismo se centra en los logros personales y todos los sentimientos de pertenencia a una cordada o grupo quedan difusos.

Lo que antes era exploración y aventura se etiqueta ahora como “expo” y nadie se atreve ni tan solo a buscar información. Se huye ante esa conjura diabólica y se busca el reequipamiento para poder ascender esas líneas infernales. Lo que en la actualidad se considera peligro, antes era el pan nuestro de cada día, y mucho antes solo estaba al alcance de unos pocos. Cualquiera de las vías abiertas por los pioneros con cuerdas de cáñamo y unos pocos clavos y tacos de madera; después se vieron reforzadas con numerosos buriles, con o sin chapa; y en la actualidad los taladros perforan la roca para colocar expansiones y proporcionar una seguridad que los primeros ascensionistas nunca tuvieron.

El empezar a escalar en un grado modesto e ir consolidando el mismo y progresando paulatinamente no tiene cabida en la sociedad actual, en la que se prima el éxito inmediato (Operación Triunfo). El esfuerzo constante con recompensa a largo plazo no va con el mundo de hoy. La mayoría de los jóvenes empiezan con 6a como mínimo, aunque no sepan interpretar un plano o como bajar a un compañero herido, piensan que para eso ya está el teléfono móvil y el servicio de emergencias si hay problemas. Ahora la comodidad impera como principal objetivo. Aproximaciones cortas y poco peso son los principales objetivos. Lejos quedan los días en los que había que andar más de dos horas para llegar a una pared cargado con un montón de trastos para autoproteger la ascensión. Esas paredes, si no se ha abierto o arreglado una pista para llegar a ellas han quedado en el olvido y solo va una minoría.

Por último, la evolución de los materiales y la diversificación de la oferta han hecho desaparecer la capacidad de improvisación tan necesaria en muchos momentos. Hay quién se siente angustiado si no dispone de la pieza adecuada para cada ocasión y para evitar esa situación lleva en el portamaterial de su arnés las últimas novedades de los fabricantes de material para suplir la falta de recursos e imaginación.

Y todo esto, ¿porqué? Pues sencillamente para pensar, reflexionar sobre lo que estamos haciendo entre todos. Respetarnos más mutuamente, y sobre todo a los que nos han precedido con su esfuerzo y dedicación. No menospreciemos su labor. Un V+ con un buril en 20 metros no puede cambiar su compromiso.

No solo hay que trabajar el grado, también hay que dedicar tiempo a incrementar la seguridad en uno mismo, mejorar la confianza en el compañero que asegura, adquirir recursos para añadir seguros adicionales respetuosos con el itinerario y sobre todo humildad, pensar que no somos el centro del universo, es muy posible que en el futuro venga alguien mucho mejor que nosotros y no necesite ninguna de nuestras muletas para realizar la ascensión.

Salud y mucha tápia para todos

Santi Llop